miércoles, 17 de octubre de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
OBEDECER, REQUISITO PARA PROSPERAR
Si ustedes cumplen los mandamientos que les he dado en este día, y aman al Señor su Dios, y lo adoran con todo su corazón y con toda su alma, él hará que vengan a su tiempo las lluvias de otoño y las de primavera, para que ustedes cosechen su trigo y tengan vino y aceite. También hará que crezca hierba en el campo para el ganado de ustedes, y que ustedes tengan comida en abundancia. Dt 11.13-15 DHH
Amar, vivir enamorado es una experiencia sublime. Enaltece y dignifica la vida junto con los actos, pensamientos, actitudes y comportamiento. Para una comunidad agrícola, la bendición está expresada en sus términos y contextos: abundante lluvia, y abundancia de cosecha de trigo, producción de vino y aceite, lo mismo que hierba en el campo para el ganado y para el pueblo, comida en abundancia. Todo es abundancia. Una buena teología de la prosperidad, bíblica, con enfoque correcto para ser bendecido, es el amor a Dios. El Señor Jesús enseñó que buscáramos a Dios, su reino, no por las bendiciones que se recibirían de Dios, sino porque Dios mismo. Las bendiciones (añadiduras) vendrían como una consecuencia. Dios promete prosperar a su pueblo, pero sobre la base correcta: amarlo más que a nada creado en el universo, persona o cosa. La gente fiel destaca en la tentación. Donde un cónyuge es tentado, siempre sale airoso, limpio. Su fama crece en un contexto donde se le busca para hacerlo caer en pecados de inmoralidad para que traicione a su pareja, incluso llega a ser parte de apuestas para ver quién lo hace tropezar. La gente fiel es valiosa, digna de confianza, da paz a su pareja. Mantener el pacto de amor, base del matrimonio, no es nada difícil para quien ama y, en el caso del pueblo de Dios, cumplir con sus mandamientos y adorarlo con pasión, no es visto ni como obligación, ni como carga, ni como un deber, sino como un privilegio. Quien ama al Señor se deleita en él, pasionalmente nada lo puede detener en la búsqueda matutina de su presencia y su gloria, como nada puede ensordecer su voz y acallar su canto o amordazar su corazón agradecido. Vino, vegetales, hierba, comida abundante, buen clima, buena tierra, son resultado de obedecer por amor al Dios eterno, quien también se deleita en sus amorosos hijos que viven para agradarlo. ¿Quieres ver la bendición del pueblo agrícola en tu cultura, en tu contexto, sea estudiantil, empresarial, de lucha social, policiaca, militar, financiera? ¡Ama con pasión sin igual a quien te ama con dicha pasión! ¡Ofréndate a él! ¡Suspira por él! ¡Busca con pasión su presencia! Aplicar sus mandamientos te bendecirá a ti en primer lugar, a tu familia, vecindario, colonia, delegación o municipio, estado, nación y a tu mundo, su geografía, sus ríos, lagos y mares. Come con gratitud y bendiciones para tu amado Dios, que su presencia sea para ti tu mayor hambre nunca satisfecha, sino deseada sin colmar nunca, hasta estar por siempre a su lado y engullir a Cristo pan de vida, agua que brote en ti como canción, poema, adoración...
CRISTO RESUCITÓ. NOS CONSTA
<b>A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. >Hechos 2.32 RV60
En el lenguaje original del Nuevo Testamento, la palabra usada para “testigo” es “mártir”.
En español mártir tiene otra connotación, pero está vinculada con ser testigo, y las consecuencias que pudieran derivarse de “testificar”.
La resurrección de Cristo es un acontecimiento que además de marcar un hito histórico saca a la luz toda una historia de contrastes.
Por sí misma la resurrección es contraste: de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, del anonimato a ser conocido, de ser desconocido a ser proclamado, de podrirse a generar vida, de la desesperanza a un futuro promisorio, de la tristeza al gozo, del llanto a la risa y la alegría...
En la actualidad están aumentando los suicidios en países europeos por las crisis financieras.
Se entiende la razón, toda su seguridad, esperanza y fe está puesta en el materialismo, en el progreso de su prosperidad económica, y si esta colapsa, con ella colapsa la vida.
Los discípulos y todos los escritores del Nuevo Testamento difieren de manera contundente con su visión de futuro.
Cristo vive, Cristo gobierna, Cristo es el Señor, Cristo es el Eterno Dios, Cristo tiene el poder sobre la vida, la historia, la muerte, el diablo, las naciones...
Y él estará con su iglesia hasta el fin del mundo.
Y el que venció a toda potestad gobierna no sólo todo lo relacionado con el planeta tierra, entonces gobierna el universo. Su gobierno es cósmico desde la eternidad, y su iglesia será cuidada por él.
Para quienes no conocen a Dios no hay ni futuro ni esperanza.
Para quienes conocen al Cristo resucitado el futuro es otro: Cristo gobierna la historia y todo detalle relacionado con la vida de su iglesia está en su poder.
Para el mundo no hay esperanza, para el cristiano es una realidad. Para el mundo el futuro es incierto, para el cristiano hay un claro panorama.
El futuro representa angustia, para el cristiano le espera la paz, el gozo, la dicha, la gloriosa presencia de Dios, la persona misma de Cristo palpable visible, y será adorado, alabado, enaltecido.
La resurrección de Cristo es motivo de confianza. Derrotó con ella a la muerte, a Satanás, a toda potestad histórica, material y espiritual.
No podía ser de otro modo porque él es la vida misma y no hay nada contra la vida. La muerte es consecuencia de haber pecado, y como Cristo no supo qué era pecar, no podía ser retenido por la muerte, consecuencia de pecar.
El Cristo santo, sublime, eterno, poderoso, glorioso, es tu presente y tu futuro. Vive la resurrección. A nosotros también nos consta que vive y de ellos también somos testigos.
sábado, 7 de abril de 2012
EN EL SEPULCRO
Tomaron (José de Arimatea y Nicodemo), pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Deuteronomio 4.13-17 NVI
José de Arimatea fue ante Pilato a pedir el cuerpo del Señor Jesús y se le concedió. Quería sepultarlo.
Junto con José fue Nicodemo, a quien algunos censuran como «discípulos de la secreta», descalificación que no describe la realidad de quiénes eran en realidad, pues lo que no eran «de la secreta» en esos momentos, conmocionados como estaban, ni por un momento pensaron en sepultar a su Señor.
Ni los de «la secreta», ni los de «la conocida» son dignos de descalificación, pues si vemos nuestra realidad, todo ser humano, en crisis, habla, piensa, actúa, siente de maneras que no son normales en situaciones cotidianas.
Abraham mintió acerca de Sara en una situación peligrosa. Lot, contaminado por la moral de su tiempo, quiso entregarles a los hombres pervertidos de su tiempo a sus hijas. Job maldijo el día que nació y de paso que Dios le hubiese dado la vida.
Jeremías igual, se pelea con el Señor en medio de circunstancias penosas. Los discípulos están de duelo. Satanás pidió permiso para zarandear a Pedro y se le concedió. Pedro el zarandeado anda, como los demás (excepto Juan), oculto, presa del miedo y la vergüenza.
Como símbolo de silencio, el sepulcro contiene el cuerpo del Señor.
Símbolo de paradoja, el sepulcro y las sábanas que envuelven a Jesús contienen, muerto, al dador de la vida.
Sábanas que amordazan al verbo que no puede dejar de hablar bendición incluso en su silencio, testifican en la soledad del sepulcro del gran amor íntimo, profundo, eterno, de Jesús por sus discípulos y por la humanidad.
Mientras, los líderes religiosos judíos siguen con sus planes de amordazar, en serio, todo testimonio acerca de Cristo, por lo tanto van y, recordando las palabras de Cristo, de que resucitaría, piden guardias extras para que los discípulos no roben el cuerpo y después digan que resucitó como lo había profetizado.
Petición concedida. ¡Como si unos amedrentados, temblorosos y miedosos y cobardes (por el momento) discípulos quisiesen encarar pena, vergüenza y dolor! ¡Uf! Vaya que estaban desubicados.
Desde el sitio de muerte se incuba la más poderosa revolución para el mundo y su devenir, un cadáver alberga la más poderosa revelación divina al población mundial y está por manifestarse por medio de unos discípulos que testificarán qué sucedió con este rabí, y llevarán su mensaje a toda etnia, a toda personas, entre ellas nosotros.
Cuestión de tiempo, de paciente espera, desde el corazón de Dios te aguarda la bendición para después de tus crisis. Su amorosa consolación, su regazo y su hombro, sus brazos, te sostendrán. Tu Padre eterno jamás te abandonará, ni en tus duelos ni en la muerte.
viernes, 6 de abril de 2012
EL TRIUNFO DEL CRUCIFICADO
PODER Y LOCURA DIVINOS
El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a los que van a la perdición; pero este mensaje es poder de Dios para los que vamos a la salvación. 1 Cor 1:18 DHH
Poder de Dios es la cruz. Poder del amor, poder de la redención, poder de la santidad, poder de vida, poder de justicia.
Poder del amor porque en la cruz Dios demostró hasta dónde nos ama. Su amor es vicario. En la cruz debimos pagar todos nuestros pecados.
Pero Dios había establecido cómo debía ser la ofrenda por el pecado. Debía ser perfecta, sin mancha.
Por eso la ofrenda que es Cristo es la ofrenda que satisface a Dios. Nosotros no hubiéramos podido satisfacer a Dios dada nuestra imperfección y pecaminosidad.
Cristo satisface la justicia divina. Sobre él se descarga la ira de Dios y Cristo sufre el castigo que debimos sufrir todos nosotros. Todos éramos merecedores del castigo divino. Todos, menos él.
La cruz es poderosa demostración de un amor que nadie puede comprender.
No hablamos de una historia de romance, de novios, de literatura clásica, sublime o cursi o pasional de rasgos telenoveleros o mediáticos al estilo holiwoodense.
Hablamos de un amor real, de representarte en un juicio donde eres condenado a sufrir el peor de los castigos, el definitivo abandono de Dios, sufrir su ausencia y olvido, perder su presencia, perder la presencia del amor y gloriosa gracia y santidad.
Como poder del amor, también es poder de santidad. La cruz es la admisión de parte de Dios de que Cristo se mantuvo santo y puro, por eso Dios aprueba su sacrificio.
Como poder de santidad representa la derrota del pecado, la derrota del diablo y la manifestación de lo invencible que es la santidad de Dios.
Nada pudo seducir a este Cristo cuya fidelidad al Padre fue obvia en toda circunstancia que vivió sobre la tierra.
Amó al Padre hasta en el momento de ser abandonado por él, de tal manera que, como dijo, vino a cumplir la ley, no a abolirla, y en el abandono del Padre fue obediente, pues cumplió el mandamiento de amar a Dios más que a nada y más que a nadie, incluyéndose a sí mismo.
Cristo fue santo y fiel en todo, por eso la cruz en él es poder de vida.
La Escritura dice que “el justo por la fe vivirá”, y Cristo se mantuvo fiel toda su vida, hasta el fin de ella.
Por eso, como la vida misma, no podía sino ser fiel a sí mismo y dar vida por medio de la cruz.
Nos da vida eterna por creer en él, nos redime pues en la cruz paga por nuestros pecados y nos hace libres de la esclavitud del diablo y del pecado.
Por lo tanto, ahora podemos vivir en santidad, pues vivimos para él.
Ahora podemos bendecir, amar y servir incluso a nuestros enemigos y pedirle al Padre que los perdone y los salve también.
Vive tu locura, ama con toda tu pasión a tu salvador y Señor, declárale al mundo quién es el motivo de tu orgullo, da a conocer su amor, perdón y salvación, proclama el triunfo del crucificado.
El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a los que van a la perdición; pero este mensaje es poder de Dios para los que vamos a la salvación. 1 Cor 1:18 DHH
Poder de Dios es la cruz. Poder del amor, poder de la redención, poder de la santidad, poder de vida, poder de justicia.
Poder del amor porque en la cruz Dios demostró hasta dónde nos ama. Su amor es vicario. En la cruz debimos pagar todos nuestros pecados.
Pero Dios había establecido cómo debía ser la ofrenda por el pecado. Debía ser perfecta, sin mancha.
Por eso la ofrenda que es Cristo es la ofrenda que satisface a Dios. Nosotros no hubiéramos podido satisfacer a Dios dada nuestra imperfección y pecaminosidad.
Cristo satisface la justicia divina. Sobre él se descarga la ira de Dios y Cristo sufre el castigo que debimos sufrir todos nosotros. Todos éramos merecedores del castigo divino. Todos, menos él.
La cruz es poderosa demostración de un amor que nadie puede comprender.
No hablamos de una historia de romance, de novios, de literatura clásica, sublime o cursi o pasional de rasgos telenoveleros o mediáticos al estilo holiwoodense.
Hablamos de un amor real, de representarte en un juicio donde eres condenado a sufrir el peor de los castigos, el definitivo abandono de Dios, sufrir su ausencia y olvido, perder su presencia, perder la presencia del amor y gloriosa gracia y santidad.
Como poder del amor, también es poder de santidad. La cruz es la admisión de parte de Dios de que Cristo se mantuvo santo y puro, por eso Dios aprueba su sacrificio.
Como poder de santidad representa la derrota del pecado, la derrota del diablo y la manifestación de lo invencible que es la santidad de Dios.
Nada pudo seducir a este Cristo cuya fidelidad al Padre fue obvia en toda circunstancia que vivió sobre la tierra.
Amó al Padre hasta en el momento de ser abandonado por él, de tal manera que, como dijo, vino a cumplir la ley, no a abolirla, y en el abandono del Padre fue obediente, pues cumplió el mandamiento de amar a Dios más que a nada y más que a nadie, incluyéndose a sí mismo.
Cristo fue santo y fiel en todo, por eso la cruz en él es poder de vida.
La Escritura dice que “el justo por la fe vivirá”, y Cristo se mantuvo fiel toda su vida, hasta el fin de ella.
Por eso, como la vida misma, no podía sino ser fiel a sí mismo y dar vida por medio de la cruz.
Nos da vida eterna por creer en él, nos redime pues en la cruz paga por nuestros pecados y nos hace libres de la esclavitud del diablo y del pecado.
Por lo tanto, ahora podemos vivir en santidad, pues vivimos para él.
Ahora podemos bendecir, amar y servir incluso a nuestros enemigos y pedirle al Padre que los perdone y los salve también.
Vive tu locura, ama con toda tu pasión a tu salvador y Señor, declárale al mundo quién es el motivo de tu orgullo, da a conocer su amor, perdón y salvación, proclama el triunfo del crucificado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)