sábado, 7 de abril de 2012

EN EL SEPULCRO

Tomaron (José de Arimatea y Nicodemo), pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Deuteronomio 4.13-17 NVI José de Arimatea fue ante Pilato a pedir el cuerpo del Señor Jesús y se le concedió. Quería sepultarlo. Junto con José fue Nicodemo, a quien algunos censuran como «discípulos de la secreta», descalificación que no describe la realidad de quiénes eran en realidad, pues lo que no eran «de la secreta» en esos momentos, conmocionados como estaban, ni por un momento pensaron en sepultar a su Señor. Ni los de «la secreta», ni los de «la conocida» son dignos de descalificación, pues si vemos nuestra realidad, todo ser humano, en crisis, habla, piensa, actúa, siente de maneras que no son normales en situaciones cotidianas. Abraham mintió acerca de Sara en una situación peligrosa. Lot, contaminado por la moral de su tiempo, quiso entregarles a los hombres pervertidos de su tiempo a sus hijas. Job maldijo el día que nació y de paso que Dios le hubiese dado la vida. Jeremías igual, se pelea con el Señor en medio de circunstancias penosas. Los discípulos están de duelo. Satanás pidió permiso para zarandear a Pedro y se le concedió. Pedro el zarandeado anda, como los demás (excepto Juan), oculto, presa del miedo y la vergüenza. Como símbolo de silencio, el sepulcro contiene el cuerpo del Señor. Símbolo de paradoja, el sepulcro y las sábanas que envuelven a Jesús contienen, muerto, al dador de la vida. Sábanas que amordazan al verbo que no puede dejar de hablar bendición incluso en su silencio, testifican en la soledad del sepulcro del gran amor íntimo, profundo, eterno, de Jesús por sus discípulos y por la humanidad. Mientras, los líderes religiosos judíos siguen con sus planes de amordazar, en serio, todo testimonio acerca de Cristo, por lo tanto van y, recordando las palabras de Cristo, de que resucitaría, piden guardias extras para que los discípulos no roben el cuerpo y después digan que resucitó como lo había profetizado. Petición concedida. ¡Como si unos amedrentados, temblorosos y miedosos y cobardes (por el momento) discípulos quisiesen encarar pena, vergüenza y dolor! ¡Uf! Vaya que estaban desubicados. Desde el sitio de muerte se incuba la más poderosa revolución para el mundo y su devenir, un cadáver alberga la más poderosa revelación divina al población mundial y está por manifestarse por medio de unos discípulos que testificarán qué sucedió con este rabí, y llevarán su mensaje a toda etnia, a toda personas, entre ellas nosotros. Cuestión de tiempo, de paciente espera, desde el corazón de Dios te aguarda la bendición para después de tus crisis. Su amorosa consolación, su regazo y su hombro, sus brazos, te sostendrán. Tu Padre eterno jamás te abandonará, ni en tus duelos ni en la muerte.

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