viernes, 6 de abril de 2012

EL TRIUNFO DEL CRUCIFICADO

PODER Y LOCURA DIVINOS

El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a los que van a la perdición; pero este mensaje es poder de Dios para los que vamos a la salvación. 1 Cor 1:18 DHH


Poder de Dios es la cruz. Poder del amor, poder de la redención, poder de la santidad, poder de vida, poder de justicia.
Poder del amor porque en la cruz Dios demostró hasta dónde nos ama. Su amor es vicario. En la cruz debimos pagar todos nuestros pecados.
Pero Dios había establecido cómo debía ser la ofrenda por el pecado. Debía ser perfecta, sin mancha.
Por eso la ofrenda que es Cristo es la ofrenda que satisface a Dios. Nosotros no hubiéramos podido satisfacer a Dios dada nuestra imperfección y pecaminosidad.
Cristo satisface la justicia divina. Sobre él se descarga la ira de Dios y Cristo sufre el castigo que debimos sufrir todos nosotros. Todos éramos merecedores del castigo divino. Todos, menos él.
La cruz es poderosa demostración de un amor que nadie puede comprender.
No hablamos de una historia de romance, de novios, de literatura clásica, sublime o cursi o pasional de rasgos telenoveleros o mediáticos al estilo holiwoodense.
Hablamos de un amor real, de representarte en un juicio donde eres condenado a sufrir el peor de los castigos, el definitivo abandono de Dios, sufrir su ausencia y olvido, perder su presencia, perder la presencia del amor y gloriosa gracia y santidad.
Como poder del amor, también es poder de santidad. La cruz es la admisión de parte de Dios de que Cristo se mantuvo santo y puro, por eso Dios aprueba su sacrificio.

Como poder de santidad representa la derrota del pecado, la derrota del diablo y la manifestación de lo invencible que es la santidad de Dios.
Nada pudo seducir a este Cristo cuya fidelidad al Padre fue obvia en toda circunstancia que vivió sobre la tierra.
Amó al Padre hasta en el momento de ser abandonado por él, de tal manera que, como dijo, vino a cumplir la ley, no a abolirla, y en el abandono del Padre fue obediente, pues cumplió el mandamiento de amar a Dios más que a nada y más que a nadie, incluyéndose a sí mismo.
Cristo fue santo y fiel en todo, por eso la cruz en él es poder de vida.
La Escritura dice que “el justo por la fe vivirá”, y Cristo se mantuvo fiel toda su vida, hasta el fin de ella.
Por eso, como la vida misma, no podía sino ser fiel a sí mismo y dar vida por medio de la cruz.
Nos da vida eterna por creer en él, nos redime pues en la cruz paga por nuestros pecados y nos hace libres de la esclavitud del diablo y del pecado.
Por lo tanto, ahora podemos vivir en santidad, pues vivimos para él.
Ahora podemos bendecir, amar y servir incluso a nuestros enemigos y pedirle al Padre que los perdone y los salve también.
Vive tu locura, ama con toda tu pasión a tu salvador y Señor, declárale al mundo quién es el motivo de tu orgullo, da a conocer su amor, perdón y salvación, proclama el triunfo del crucificado.

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