domingo, 8 de abril de 2012
CRISTO RESUCITÓ. NOS CONSTA
<b>A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. >Hechos 2.32 RV60
En el lenguaje original del Nuevo Testamento, la palabra usada para “testigo” es “mártir”.
En español mártir tiene otra connotación, pero está vinculada con ser testigo, y las consecuencias que pudieran derivarse de “testificar”.
La resurrección de Cristo es un acontecimiento que además de marcar un hito histórico saca a la luz toda una historia de contrastes.
Por sí misma la resurrección es contraste: de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, del anonimato a ser conocido, de ser desconocido a ser proclamado, de podrirse a generar vida, de la desesperanza a un futuro promisorio, de la tristeza al gozo, del llanto a la risa y la alegría...
En la actualidad están aumentando los suicidios en países europeos por las crisis financieras.
Se entiende la razón, toda su seguridad, esperanza y fe está puesta en el materialismo, en el progreso de su prosperidad económica, y si esta colapsa, con ella colapsa la vida.
Los discípulos y todos los escritores del Nuevo Testamento difieren de manera contundente con su visión de futuro.
Cristo vive, Cristo gobierna, Cristo es el Señor, Cristo es el Eterno Dios, Cristo tiene el poder sobre la vida, la historia, la muerte, el diablo, las naciones...
Y él estará con su iglesia hasta el fin del mundo.
Y el que venció a toda potestad gobierna no sólo todo lo relacionado con el planeta tierra, entonces gobierna el universo. Su gobierno es cósmico desde la eternidad, y su iglesia será cuidada por él.
Para quienes no conocen a Dios no hay ni futuro ni esperanza.
Para quienes conocen al Cristo resucitado el futuro es otro: Cristo gobierna la historia y todo detalle relacionado con la vida de su iglesia está en su poder.
Para el mundo no hay esperanza, para el cristiano es una realidad. Para el mundo el futuro es incierto, para el cristiano hay un claro panorama.
El futuro representa angustia, para el cristiano le espera la paz, el gozo, la dicha, la gloriosa presencia de Dios, la persona misma de Cristo palpable visible, y será adorado, alabado, enaltecido.
La resurrección de Cristo es motivo de confianza. Derrotó con ella a la muerte, a Satanás, a toda potestad histórica, material y espiritual.
No podía ser de otro modo porque él es la vida misma y no hay nada contra la vida. La muerte es consecuencia de haber pecado, y como Cristo no supo qué era pecar, no podía ser retenido por la muerte, consecuencia de pecar.
El Cristo santo, sublime, eterno, poderoso, glorioso, es tu presente y tu futuro. Vive la resurrección. A nosotros también nos consta que vive y de ellos también somos testigos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario